José Luis Di Lorenzo (I)

¿Y si todos nos excluímos?

Tanto la absurda muerte de Martín Castellucci a manos de patovicas como que las fuerzas armadas uruguayas protejan el negocio de los contaminantes, exhibe de qué modo el amor por el lucro inmola a los ciudadanos y los somete a los dictados de los intereses del mercado, hasta extremos en que la libertad de comercio resulta superior al derecho a la vida.

Martín Castellucci murió por la violencia sistémica que, desde hace décadas, también impera en los boliches bailables y que esta vez ocurrió en “La Casona” de Lanús, provincia de Buenos Aires.

La crónica da cuenta de que nos estaríamos enfrentando a una práctica habitual: del dueño de “La Casona” quien impunemente “discrimina y reprime”, de la policía provincial y de la Municipalidad de Lanús que, por lo menos, “no cumplen con sus deberes de funcionarios públicos”.

La entrada general tiene un costo de $15 según el tipo de indumentaria, sin embargo si los jóvenes visten ropa de marca abonan el ingreso “especial” de $ 7 o “vip” de $ 5, pero si no le gusta la cara de quien quiere ingresar el valor sube a $20 (o más) por tratarse de lo que clasifican como “cliente no habitual”, o bien directamente el dueño personalmente ordena a sus patovicas que le impidan entrar.

Los que conocen el lugar dicen que la Policía sabe de la violencia pero omite actuar. La denuncia de los amigos de Martín abonaría igual camino, ya que da cuenta que el agente allí de guardia lo arrastró hasta la esquina, lo que de corroborarse, estaría acreditando la complicidad, por tratarse de una acción direccionada claramente a intentar desinvolucrar al dueño del boliche bailable.

Declaraciones de vecinos de Lanús también responsabilizan a la Municipalidad, quien tardíamente clausuró el local bailable. Habrá que verificar si es cierto que el nieto del Intendente tiene estrecha relación con el dueño y si, como dicen, realiza habitualmente sus actos de la juventud -sin cargo- en dicho lugar.

Pero hay otra cara, a Martín le pegaron porque solidariamente acompañó a uno de sus amigos al que discriminaban y no dejaban entrar. Su familia, en el medio del dolor por su muerte cerebral, pudo decidir solidariamente donar sus órganos. Los amigos de la víctima iniciaron una cadena de correos electrónicos contando lo que vieron para que no haya impunidad y se empiezan a movilizar.

Si abordamos otras “noticias” y casos de los últimos días, si miramos con un poco de detenimiento, siempre veremos aparecer la mano de ese mundo de los negocios que bajo la demanda de desregulación termina gobernando en el medio de un generalizado descontrol.

La subversión de valores se constata en el caso de una madre que por una mala calificación de su hijo agrede a una docente, quien termina en terapia intensiva. En el aporte a la esquizofrenia colectiva que realizan los multimedios, cuando por un lado instalan los “valores” de la sociedad consumista, hedonista por antonomasia y, por el otro, se escandalizan frente a la muerte de una mujer en Río Cuarto que presentan como producto de ese mismo hedonismo.

La lógica comunicacional agita el árbol para que no se vea el bosque. Se ocupa de la anorexia y no del hambre, de la distribución de preservativos y no de la distribución de la riqueza, de circunstanciales responsables (preferentemente de la política) pero no de las responsabilidades, de efectos pero no de causas.

Si hasta el Presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, traicionando su origen, se terminó sometiendo al mandato del mercado. Convirtió en una causa nacional (de su país) contaminar la ribera del río Uruguay a manos de las plantas papeleras, llegando al extremo de militarizar la zona para defender esos intereses mercantiles internacionales.

El sistema “global” que cuenta en los medios de comunicación con su ejercito de penetración y dominación cultural, procura además, convertirlos en sustitutos de la indispensable mediación política (ausente o descalificada). Mediación virtual que si bien es insuficiente e inadecuada, porque se limita a exhibir el conflicto pero es incapaz de resolverlo, cumple el cometido de instalar el ideario del mercado autorregulador.

En este contexto, el “acuerdo” formulado televisivamente por el gobernador de la Provincia de Entre Ríos y el intendente de Fray Bentos para destrabar el conflicto con las papeleras, es un claro ejemplo de lo que la política no debe hacer. A sabiendas, o no, le otorgaron un rol al mercado (a través de sus multimedios) que debilita el sistema democrático y representativo.

Un capítulo aparte amerita un aparente hecho deportivo, el que diera lugar la suspensión de un partido de fútbol entre Boca y Gimnasia. Cuando la Asociación del Fútbol Argentino dispuso continúe dicha contienda deportiva, Estudiantes de La Plata, el adversario histórico del lobo platense, aparecía con chances de disputarle el campeonato a Boca. La crónica periodística cuenta que jugadores de River, a su vez clásico rival de Boca, también por entonces con aspiraciones al campeonato, ofrecieron un “incentivo” de U$S 3.000.- a cada jugador de Gimnasia para que le ganen a Boca, lo que desencadenó la ira de la barra brava del club incentivado.

Sin embargo, a diferencia de lo que se suponía, las amenazas que la prensa le atribuyó a esos “hinchas” no se debió a que querían impedir que un triunfo de su club facilitara lograr el campeonato su archirival, Estudiantes. ¡NO¡ ¡QUERÍAN PARTICIPAR DEL NEGOCIO, QUERÍAN SU PARTE DEL INCENTIVO! Grotesco que termina poniendo al descubierto que la lógica de mercado ¡NI SIQUIERA DEJA EN PIE A LA PATRIA DEPORTIVA!

¿Incluir para volver a excluir?

La absurda muerte de Martín Castellucci, los casos de Norma Dalmasso en Río Cuarto, el de una maestra en terapia intensiva por el ataque de la mamá de un alumno que había sido reprobado, el Presidente de Uruguay enviando a sus Fuerzas Armadas para defender los intereses mercantiles del enclave de Botnia en su territorio, la “mediación” de la televisión en el diferendo con Uruguay, el pensamiento por imágenes, el fin de hasta la patria deportiva, el pedido de una madre para que detengan a su hijo para protegerlo del flagelo de la droga, son algunas de las ejemplaridades que siguen poniendo en el tapete que parece claro que nuestra forma de organización social, la sociedad como ámbito de convivencia, está en una profunda crisis.

Un brillante pensador argentino, el profesor Gustavo Cirigliano, cuando pregunta “si lo que se pretende es incluir a los excluidos en la misma sociedad que los excluyó y lo volverá a hacer”, desnuda el fondo a abordar: la cuestión ya no es emparchar, se trata de construir una nueva forma de organización social, porque está claro, la que tenemos no sirve.

Bien mirada la muerte de Martín, con cuyo caso se inició este comentario, es producto (igual que tantos otros casos) del descontrol que imponen los negocios. El amor por el lucro, fundamento y finalidad de un mercado endiosado, inmola a los ciudadanos y los somete a los dictados de sus intereses, hasta extremos en que la libertad de comercio resulta superior al derecho a la vida.

Para tomar al toro por las astas debemos asumir que la discriminación a que cotidianamente nos someten los mercaderes cuenta con el asentimiento de aquellos a quienes, hábilmente, hace sentir incluidos, convenciéndolos de que lo importante es pertenecer.

La movilización popular es una herramienta a no abandonar. Un modo simple y sencillo de honrar la memoria de estos mártires del mercado, nos demanda empezar por excluirnos todos de este sistema enfermo y perverso, paso inicial para la construcción de lo nuevo, principio de ejecución de la impostergable sanción social.

Buenos Aires, 8 de diciembre de 2006

Por José Luis Di Lorenzo
correo@losocial.com.ar

Un comentario
  1. Nadie tiene derecho de discriminar y en “La casona” siempre se hizo. Amigos míos fueron discriminados y luego de ser habitués no había problema. Siempre pegaron y se vendía alcohol a menores, todo bancado por el padrino politico Manolo Quindimil. Ese Atilio violó a más de una piba, y como es abogado y se maneja con la farándula, hizo y hace lo que quiere. Espero que se haga justicia.

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