La Casona: Frivolidad Criminal

El crimen del boliche bailable de Lanús, La Casona Disco, no hace más que desnudar la falta de control sobre los locales bailables, además de mostrar una cultura socialmente enferma, más cercana al retrógrado y repugnante nazismo, cuando dos personas golpean a otra por discriminación, y está, después, muere por los golpes.

Esa forma brutal de xenofobia por parte de dos hombres que trompean a un joven con una impunidad inexplicable sin ningún motivo, es la expresión más acabada de una violencia social que atravieza a todas las clases sociales, que no discrimina nigún ámbito, ya sea un boliche, una cancha de fútbol o la calle misma.

El crimen de La Casona, es un ejemplo más de una frivolidad criminal, increíblemente enquistada en Argentina, en la que los pibes son asesinados por un pensamiento que crea estereotipos que califican a un serhumano como delincuente por su color de su piel, por ser considerado “un negro de mierda”, y en la que muchas chicas mueren por anorexia, para tratar de encajar en el modelo de belleza actual.

Pero no todo termina aquí. El sábado pasado, un grupo de jóvenes enardecidos destruyeron el boliche y le prendieron fuego, al tiempo que se enfrentaban con empleados de La Casona quienes pedían “por favor” que no hicieran eso porque perdían sus fuentes de trabajo.

La policía miraba impávida, pero quizás haya sido lo mejor, porque hubiera, sin duda, exasperado mucho más los ánimos y alguien podría haber salido más muerto que herido. Al fin, la calma reinó y la gente, luego de expresar su bronca, decidió retirarse.

Por su parte, el Frente para la Victoria de Lanús elevó por medio del HCD, un pedido de informe al Ejecutivo para que éste explique porque La Casona tiene un servicio de seguridad privada y que se especifique la nómina del personal afectado. Nada explica éste crimen absurdo, nada lo justifica, y nada se puede hacer ya para devolverle la vida a Martín Castellucci, que tenía apenas 20 años y todo por hacer.

La fría información dirá que la Municipalidad de Lanús “clausuró preventivamente” el boliche, que la Justicia investigará el asesinato “hasta las últimas consecuencias”, que el dueño del local está acusado de violación, y que “los culpables tienen que pagar”.

No faltará quien suponga o hasta asegure que allí “se vendía droga”, que “los jóvenes aceptan ser discriminados”, y que “hay que hacer algo ya para parar esto”.

La fría crónica dirá todo esto y tal vez más, pero no contará jamás que Martín ya no podrá leer un libro nuevo, ni podrá enamorarse perdidamente de una chica, que no verá más una puesta de sol y que no escuchará el nuevo hit de su banda preferida. Los medios tendremos que callar que Martín no sabrá lo qué es ser padre o abuelo. La fría crónica no podrá contar que por culpa de la xenofobia más bárbara y ridícula, un pibe de 20 años se perderá las experiencias más especiales de la vida, aún las pérdidas irreparables y naturales que hubiera tenido que sufrir a lo largo de su existencia.

Nadie va a darle esto a Martín, ni el Estado, ni la Policía, ni la solidaridad de todos, ni los periodistas, ni la Justicia, ni la bronca, ni la indignación, ni el reclamo. Nadie podrá hacer que siga riéndose o llorando, o gritando un gol un domingo por la tarde.

Tampoco va a servir ahora que nos indignemos ante el crimen, sino, al contrario, que alguna vez empecemos a sentir vergüenza como sociedad, por el crimen, por el silencio, por la complicidad, por la distracción y por la barbarie que hemos provocado.

Pero lo terriblemente vergonzo, lo absurdamente vergonzoso y condenable, es que como sociedad, como Estado, como jueces, como periodistas, y como asesinos, ya no podremos decirle a quien más se lo merece: perdón.

Autor: Ricardo Carossino
ricardocarossino@politicadelsur.com.ar
Fuente: http://www.alsinaonline.com.ar/

12 – Diciembre – 2006 

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