José Luis Di Lorenzo (II)

Basta de decir

El dolor compartido con la familia Castellucci me impulsa a desear fervorosamente que el sentido (si puede tenerlo) de la muerte de Martín sea poner en el tapete que esta sociedad no sirve, que hay que cambiarla de raíz, y que el cambio empieza con las pequeñas cosas que cada uno de nosotros puede y debe hacer día a día.

Lo Social nació hace muchos años como homenaje a mi entrañable amigo y luchador del campo nacional y popular Jorge Pablo Urriza, y al maestro también fallecido y amigo personal, el reconocido militante de la seguridad social Amancio López.

En estás páginas mucho se ha escrito y dicho, con suerte diversa; pero no importa, hay hechos que a uno como ser humano lo marcan, y hoy estamos frente a uno de ellos, otra muerte, esta vez la de Martín Castellucci, el hijo veinteañero de un gran militante y amigo, que fue asesinado por la discriminación y la violencia que está enraizada en nuestra sociedad (“global”).

Oscar Castellucci, su papá, es desde siempre un militante de la palabra y el pensamiento. No es el caso, justificado por cierto, de quien sale a pedir justicia por el asesinato de su hijo, NO, se trata de alguien que constante y tesoneramente viene pensando, escribiendo y proponiendo un modelo para una sociedad justa. Duele que recién se lo escuche porque la muerte de Martín adquirió notoriedad mediática, sería deseable que nos empezara a interesar abordar la profunda crisis de nuestra forma de vida y de organización social.

Los propios chicos, que sufren y se enojan ante hechos como el de Martín, que no es el primero y seguramente no será el último, en general aceptan la discriminación como un modo de marcar diferencias y de sentir (los incluidos), que se lo merecen, que son superiores. Aunque son los menos responsables, carecen de conciencia o la tienen adormecida. Y esto ocurre en todos los niveles sociales, en los boliches de Moreno como en “La Casona” de Lanús, entre ricos y entre pobres.

Este drama no debe ser partidizado ni ideologizado, sí politizado, porque enfrenta a quienes defienden, garantizan, aceptan, que prive el amor por el lucro, con quienes queremos que prive el amor por el ser humano.

No dudo, aunque parezca cursi, que el amor es la energía que motorizará el cambio hacia formas de organización social nuevas. No hay método de prevención ni forma de convivencia pacífica posible, si como sociedad no estamos involucrados. No hay sistema de seguridad efectivo si no parte de la solidaridad, el compromiso social y el esfuerzo compartido.

Lo habitual para esta columna editorial de hoy sería abordar el maquillaje chileno al negocio de las AFJP; la justificación claudicante de Lula en Brasil, cuando reniega de su origen amparándose en su vejez; la muerte de Pinochet y medio Chile honrándolo; las provincias ricas de Bolivia que parecen dispuestas a una guerra civil, pero… la verdad ya parece no importar. El dolor compartido con la familia Castellucci me impulsa a desear fervorosamente que el sentido (si puede tenerlo) de la muerte de Martín sea poner en el tapete que esta sociedad no sirve, que hay que cambiarla de raíz, y que el cambio empieza con las pequeñas cosas que cada uno de nosotros puede y debe hacer día a día.

Así como los pibes, la novia y los amigos de Martín, están yendo a los subtes, a los boliches, para contar lo que le pasó a su amigo y para hacer conciencia en la sociedad, Lo Social se llama a silencio, porque siento que se acabó el tiempo de seguir hablando. Es tiempo de hacer, y lo que hay que hacer son pequeñas cosas, interactuar con los vecinos, con los amigos, con los compañeros de trabajo, porque lo macro, las grandes políticas se resuelve en otro lado.

Para que no sigan pagando justos por pecadores dediquémonos a trabajar en la recuperación de los valores perdidos. Martín y tantas otras víctimas se lo merecen.

Por José Luis Di Lorenzo
correo@losocial.com.ar

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