Los amigos de Martín (II)

DISCRIMINACIÓN TAMBIÉN ES VIOLENCIA

No vamos a bajar los brazos porque tenemos la esperanza de que la muerte de Martín convierta esa enorme pérdida en el camino de cambio que haga resurgir en nuestra sociedad valores ahora desgastados y olvidados.

La violencia es un fenómeno, un hecho, una realidad. Existió, existe y lamentablemente va a seguir existiendo. Pero quedarnos impasibles ante un fenómeno así, tan presente en una sociedad como la nuestra, tan común y hasta cotidiano en nuestras vidas, no debería ser una opción. ¿Por qué permitir que esto pase delante de nuestros ojos? ¿Por qué enmudecernos y mirar atónitos las imágenes de violencia que todos los días “adornan” con un estilo lúgubre la cotidianeidad de nuestra sociedad?

Violencias hay muchas. La violencia no es sólo el golpe que le robó la vida a Martín, no es sólo el golpe que con impunidad y sin escrúpulos logró privarnos de una parte de nuestras vidas. Violencia no es sólo eso. La violencia se encuentra en una palabra, en un acto, en un símbolo, en una mirada.

Discriminación también es violencia. Juzgarnos entre nosotros por colores de piel, por vestimenta, es violentar, y a su vez, provoca violencia.

La violencia es causa de miedos, de silencios, de impunidad; y consecuencia de corrupción, de incumplimiento de leyes, de injusticias, de discriminación.

La violencia se encuentra en el puño que ese hombre descargó sobre Martín el domingo a la madrugada; en la decisión de tener la posibilidad, o no, de entrar a un boliche.

La violencia está en quien permite que esto suceda; la violencia está en quien silencia, en quien cierra los ojos ante hechos como estos. Que son reales, que como hoy nos tocan a nosotros, le pueden tocar a cualquiera.

Esa violencia a la que nunca nos queremos acostumbrar fue la que causó la horrible pérdida de Martín, muchos podrán sentirse identificados en menor o en mayor medida, pero si no nos involucramos, esa u otra mano asesina generará nuevas víctimas.

¿Pero por qué, adolescentes como nosotros, tenemos que levantarnos cada mañana con dudas, con preguntas, con porqués…?

¿No se supone que si salimos un sábado a la noche es para divertirnos? ¿No se supone que hay todo un “aparato” que se brinda a protegernos, a educarnos? ¿No se supone que somos el “futuro” de la sociedad?

¿Cómo podremos serlo si no nos dan la oportunidad, si en un sábado de diversión nos arrebatan la vida, si no se nos tiene en cuenta?

Nos surgen preguntas… ¿quién educa a quién?

O, mejor dicho, ¿quién debería educar a quién?

Se supone que a nuestra edad, como adolescentes que somos, estamos creando nuestras vidas, entendiendo quiénes somos y cómo queremos ser, qué modelo queremos seguir, a quién nos queremos parecer, adónde queremos llegar. Pero cómo quieren que tengamos un objetivo y un modelo a seguir, si en nuestro camino nos encontramos con situaciones así, que nos impulsan a dejar de creer o a bajar los brazos.

Pero nosotros no vamos a bajar los brazos, porque todavía tenemos un dejo de esperanza; todavía pensamos que la pérdida de Martín, nuestra gran pérdida, la de sus familiares y sus amigos, puede lograr un cambio, puede enseñar, puede hacer resurgir en nuestra sociedad ciertos valores desgastados y casi olvidados. Todavía tenemos la esperanza de poder creer en la justicia, pero “necesitamos que ella nos ayude a creer” (como dice el papá de Martín).

La violencia no es una solución, tampoco una medida. Dejemos de vivir en un mudo de “ojo por ojo” porque, como bien decía Gandhi, “ojo por ojo y la humanidad quedará ciega”.

Nos es con violencia como queremos que esto tenga un cierre justo, no es con violencia como queremos mejorar nuestra realidad, no queremos eliminar violencia con más violencia. Somos conscientes de no querer estar al mismo nivel de quienes recurren a ella como arma; tampoco vamos a dejar que esto, que nos toca tan de cerca, nos incite a rebajarnos a ese nivel.

“La fuerza no proviene de las capacidades físicas sino de una voluntad indomable”.

“La no-violencia no debería ser usada como escudo para ocultar la cobardía, ya que es un arma de los valientes” (Gandhi)

Que la muerte de Martín signifique un renacimiento de los valores.

Cuando nos enfrentamos a hechos como los de Martín nos preguntamos ¿quién es el culpable?

Y, la verdad, que culpables somos todos, porque al no hacer nada, al no expresarnos, estamos fomentando la violencia, la discriminación y la corrupción.
La muerte de Martín puede significar la muerte o el renacimiento de valores; eso depende de lo que logremos hoy, mañana y siempre.

Es increíble ver cómo avalamos nuestra propia destrucción. Cómo podemos permitir que haya personas que abusen de su poder y que, en definitiva, abusen de nosotros. ¿Acaso somos inútiles?

Nos vivimos quejando de que nuestros derechos no se respetan. Es obligación del Estado hacerlos cumplir, y es nuestra obligación recordárselo. Para qué existimos si no es por el mero hecho de vivir la vida y lograr nuestras metas. Quién, entonces, tiene el derecho de quitárnosla. NADIE. Sin embargo, hoy le estamos dando la posibilidad, casi el permiso, de que hagan con nosotros lo que quieran.

No podemos esperar más, porque nos seguirán pisoteando. En esto no hay partidos, no hay diversidad ideológica, pero no podemos aceptar que alguien esté a favor de la muerte.

Dejémonos de mirar para otro lado. Involucrémonos.

Una versión de estos textos fueron impresos en unos folletos que los amigos de Martín repartieron en lugares públicos y fueron leídos en el acto que en su memoria se realizó el 21 de diciembre en Plaza Congreso.

2 comentarios
  1. La pena es gigante y el pecho muy pequeño, pero la fe es infinita! Sigan luchando por el mensaje de NO violencia que nos dejo Martín. Nadie muere sin olvido.
    No creo en la muerte; solo en el cambio de envase.
    A los padres y hnos, toda la fuerza del mundo. A los amigos, sigan luchando junto a los familiares. Martin nos esta ayudando.

  2. Mi mensaje es por supuesto repudiar la acción grupal violenta y apoyar todo lo que se decida para castigar a los autores materiales del asesinato de Martín. También a los responsables institucionales que funcionalmente permiten este tipo de salvajadas infrahumanas.
    Y no deberíamos dejar de sostener que estos hechos sólo son posibles en un contexto social de injusticia,aparente “distracción” de los poderes del estado. Debemos saber que es inescindible la responsabilidad de los líderes políticos de los padecimientos populares en el marco de un sistema de injusticia, exclusión y postergación acordes a un modelo dependiente y de dominación. Un abrazo a Oscar y su familia Roberto P. Lopresti, Abogado Constitucionalista

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