Javier Amorín

Estimado Oscar,
Espero no ser inoportuno con esta carta o avivar su dolor en el alma. No es esa mi intención, sino todo lo contrario.
A sólo 3 meses del asesinato de Martín, usted y su batalla pública han logrado revertir una situación descontrolada, racista, de denigración de la juventud. Ha puesto sobre el tapete algo que, los que tenemos 30 años, hemos sufrido en carne propia: la prepotencia gratuita y no penada de los imbéciles sin y con uniforme hacia los jóvenes. Le puedo asegurar que las campañas que han surgido después del trágico y cruel asesinato de Martín, sirvieron para salvar decenas de VIDAS en este verano, ya no hablemos sólo de discriminación, huesos rotos y secuelas físicas permanentes. Usted, al igual que lo hiciera su hijo con su amigo, ha salvado VIDAS, que seguramente no hubieran sobrevivido al verano. Puede estar seguro de eso y debe sentirse orgulloso. Son jóvenes anónimos que ni ellos lo saben y quizás no conozcan el caso de su hijo y, por supuesto, jamás le agradecerán, pero tenga la certeza que su campaña los ha salvado.
Creo que es mucho lo que falta hacer y no todo debe recaer sobre sus hombros. Los jóvenes son aún muy vulnerables en nuestra sociedad, ya que sufren el maltrato diario de no poder llegar a ser lo que la TV les inculca, de ser discriminados en la búsqueda laboral y en su trabajo, ser bombardeados por propaganda nociva, el negocio del “paco” destruyendo sus neuronas y consumiendo sus vidas, cada vez más extendido por la frustración de los jóvenes. Los chicos de hoy no tienen siquiera una militancia, un ideal donde refugiarse. El capitalismo se ensaña con ellos. Y todavía le piden MÁS y MÁS por TV. Si no compran, tienen, logran, usan, etc, son unos fracasados. Esto es pasto seco y con nafta, esperando una chispa.
Bueno, sólo quería recordar hoy a Martín, a quién no conocí pero admiré su personalidad, sabiendo que gracias a él, hoy hay más vida, y seguirá multiplicándose en el futuro, como un fruto que tuvo que madurar demasiado pronto para multiplicar la vida.

Todos mis pensamientos para él y usted,
Siempre una mano cuando la necesite,
El más peligroso es el bueno que no actúa,
Javier Amorín (periodista)

Un comentario
  1. Me parece excelente lo que ha escrito Javier, y creo que resume claramente lo que pensamos todos. Tengo el deber de decir que a Javier Amorín lo conozco, aunque no soy un íntimo amigo. Describiré lo que se de él, porque se lo merece, y porque jamás el lo haría. Es más, espero que no lea este artículo, ya que detesta a los “adulones”. El es un “rebelde con causa”, y siempre ha apoyado causas justas, aún cuando no le convengan por el medio en el que trabaja “circunstancialmente”.
    Su compromiso con la militancia y con el tema de los Derechos Humanos es admirable e inclaudicable y no vacila en dar la cara cuando otros la esconden.
    En mi caso en particular conozco su militancia en favor del reconocimiento del “Genocidio Armenio”, un tema que aún es espinoso para el Gobierno, y que sigue costándole la vida a periodistas e intelectuales en Turquía. Me consta que él fue amenazado por este compromiso recientemente, pero nunca me dió detalles, como es característico de su personalidad, cuando piensa que eso le puede dar “méritos especiales”.
    Como persona es muy risueño, tiene la sonrisa fácil y el chiste siempre preparado.
    Podría hablar mucho más, aunque seguramente otros lo conozcan más que yo y puedan hablar de él con más crédito que yo, pero no quería dejar pasar la ocasión.
    Será muy valioso para la Asociación, señor Castelucci, y seguramente dará más tiempo del que tiene para apoyarlos.

    Señor Castelucci: lo felicito por este emprendimiento que supera el dolor y lo convierte en algo productivo y con vida.
    Cuente con mi apoyo y con las 20 firmas que le entregaré pronto.

    Un abrazo,

    Leandro

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