ALEJANDRO GUETTI

NINGUNISMO:
MARTÍN JUGÓ PEÓN CUATRO DAMA
Matu_Fiesta_Amigos

Los aficionados al ajedrez conocen la diferencia entre salir de peón rey o peón dama. Para salir con peón dama hay que tener un poco más de eggs. Porque salir con el peón del rey es más convencional, más conocido, más seguro (para los aficionados, claro). Hace unos cuantos años la Federación Internacional cambió la nomenclatura, pero sigue siendo más romántico decir “peón cuatro dama”.
A principios de los ochenta encontré una revista en el consultorio de un médico. No era Siete Días ni Gente. Me puse en contacto con su editor y empecé a colaborar. El tipo se llamaba Oscar. En el grupo había otros tres Oscar, y un Domingo. Como yo no me llamaba ni Oscar ni Domingo me resultó fácil integrarme y ganarme un lugar. Supongo que al “tano” también le había resultado fácil, porque todos los demás se llamaban Oscar.
Era una revista cultural de resistencia a la dictadura. Escribíamos sobre temas como la democracia y esas cosas, desde la óptica de la cultura (era menos peligroso porque para los milicos la cultura era una cosa marginal; por eso, revistas política ni en pedo, pero culturales, más o menos sí).
Un día apareció Martín rompiendo un poco los coquitos en las reuniones del Honorable Consejo de Redacción. Martín era chiquito, apenas caminaba, interrumpía. Martín escuchaba a su papá Oscar dirigiendo las reuniones, hablando de democracia, de esas cosas que todavía no entendía. Martín mamaba de chiquito. Podría haber aprendido a salir de “peón 4 rey”, como tantos pibes.* Pero no.
Pasaron los años, se acabó la dictadura, vino Alfonsín, las transas con los resabios del poder militar. Se fue agotando el pasado y fue emergiendo el futuro. En el siglo XXI los autos iban a volar y el hombre iba llegar a Marte. Después paso el innombrable, la década del individualismo posmoderno y el sálvese quien pueda. Se salvaron muy pocos, porque el modelo devino en la crisis del 2001. Martín siguió creciendo y supo que, ni en pedo, íbamos a llegar a Marte así como así. Pero Martín creció en democracia, se formó en democracia, creyó en la democracia.
Pero cuando creció, tal vez no aprendió a elegir, porque su papa, Oscar, siempre había tenido esas ideas raras y se las transmitió. Martín no elegía entre lindos y feos, rubios y morochos, con más guita o menos guita.
Martín siempre salía de P4D y cuando le dijeron, “Ché, vamos a La Casona” no defraudó a sus amigos. ¿Qué peligro podía haber en un boliche de Lanús?
Después pasó lo conocido, Martín salió cuando ya había entrado, y un retrasado mental con mucha fuerza física lo mato de un golpe, por interceder por un amigo que no era rubio, ni lindo ni con plata.
El retrasado mental es empleado del boliche, el dueño del boliche está entongado con punteros de la municipalidad, los punteros están entongados con el intendente, el intendente rosquea con la gobernación, y la gobernación con el gobierno nacional. No Martín, en el 2006 los autos no vuelan. Y aunque parezca lo contrario, cuando escuchás hablar a nuestros dirigentes, sigue siendo más cómodo, fácil y seguro, jugar “peón cuatro rey” en vez de “peón cuatro dama”.

Tal vez en este momento, Rodrigo debe de estar en algún lugar explicándole a Martín su teoría del “nuevo ningunismo”. Rodrigo y Martín no se conocieron en vida, tal vez podrían haberse ayudado a comprender cómo permanecer un tiempo más en este mundo. Rodrigo pensaba que los jóvenes están afectados por un virus de origen desconocido que los vuelve apáticos y sin valores. El virus del ningunismo: ningún-ismo. O sea nada que termine en ismo, como el idealismo o tantos otros. Algo así como una versión sicológica de la muerte de las ideologías. Una patovica -perdón, periodista- del diario Clarín escribió “Rodrigo Sierra: un joven fantasioso, creía que la juventud estaba infectada por un virus”. Disculpame Nora Sánchez… mi perra Dushka tiene más percepción para las metáforas que vos.

Para su mamá “lo de Rodrigo no fue un desafío, fue una estupidez”, y quién se lo puede discutir. Rodrigo se metió por una alcantarilla de Belgrano una noche de tormenta, y él y sus amigos murieron ahogados cuando, previsiblemente, subió el nivel del agua. Murió apenas quince días después de que a Martín lo mató un patovica, un retrasado mental, en el jardín de “La casona”, por ser fiel a un ismo. A un ismo básico y elemental: compañerismo, amiguismo, idealismo, ponele lo que mejor te suene.
Tal vez Martín y Rodrigo estén el algún lado conversando sobre sus diferencias, sobre sus maneras de interpretar el siglo, de vivir lo poco que vivieron. Tal vez Martín saliendo con P4D y Rodrigo respondiendo con el Gambito más audaz. Y posiblemente, ya se hayan puesto de acuerdo.

Pasaron muchos años sin verlo a Oscar. Lo voy a volver a ver y no se qué le voy a decir. Tengo cuatro hijos y hasta ahora, todos tuvieron más suerte que Martín y que Rodrigo. Tal vez pueda decirle: “Oscar, Martín no tuvo suerte. ¿Y vos como andás?… ¡Estás iguaaal!”.
Te vi y te escuché por TV, Oscar y, por suerte, qué eggs Oscar, estás igual.

Publicado en la revista Mi barrio (de Versalles, Ciudad de Buenos Aires)

* El que rompía los coquitos durante las sesiones del Honorable Consejo de Redacción, era Pablo, el hermano mayor de Martín. Martín vino un poco después. Pero fue a la misma escuela y con los mismos maestros, de qué otro modo podía ser.

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