“Quédense tranquilos, yo a esto lo arreglo políticamente”

Estas fueron las palabras del dueño de “La Casona”, Atilio Amado, al enterarse de la muerte de Martín Castellucci. Fueron reveladas por José Segundo Lienqueo Catalán, causante de las lesiones mortales, durante su reciente declaración judicial en la que destapa un engranaje de corrupción e impunidad.

Hace pocos días, José Segundo Lienqueo Catalán dio, por primera vez, su versión de las circunstancias en cuyo contexto causó a Martín Castellucci las gravísimas lesiones que lo condujeron a la muerte tres días después del 3 de diciembre de 2006, en el sector ingreso de la disco “La Casona” de Lanús, provincia de Buenos Aires.

Varios de los datos que proporcionó fortalecen la tesis de que su accionar no provino únicamente de una acción individualmente decidida, sino que el imputado, Lienqueo Catalán, resultaba un engranaje fundamental, por sus características físicas y el hecho de que era un boxeador amateur, en la estructura elaborada por el dueño de la discoteca, Atilio Amado, a los efectos del funcionamiento de ese lugar, en la cual se daba, sistemáticamente, una selección discriminatoria del público que ingresaba y una neutralización violenta de aquéllos que quedaban excluidos. A su vez, el inexorable tramo final de la impunidad era cubierto, en todos los casos, gracias a la connivencia con la Comisaría 1ª de Lanús, que cerraba sus ojos a los sucesos y que sistemáticamente contribuía al alejamiento físico de los lesionados, omitiendo detener a los autores, recabar testigos, llamar a la ambulancia, etc.

Lienqueo Catalán, justamente en su declaración, corroboró esa estructura. Dijo que, bajo las pautas del dueño del local, él formaba una tercera cola de “rebotados”, a quienes se dejaba indefinidamente esperando hasta que, finalmente, Atilio salía y los echaba. “…la gente que rebotaba …era porLa_Casona indicación de Atilio, ya que él mismo discriminaba a los negros, a los feos, a los gordos, etc., que la gente de esa cola nunca entraba, pero la orden que tenia el dicente es decirle a esos chicos que hicieran la cola igual. Atilio fijaba, para cada chico, los aranceles que debía pagar para entrar.”

La connivencia policial fue otro de los hechos sobre los que se explayó el imputado por el asesinato. Refirió que los días 4, 5 y 6 de diciembre, cuando aún Martín estaba en terapia intensiva, mientras Atilio y sus empleados más cercanos estaban reunidos para ver de qué modo podían “acomodar” el hecho y qué versiones falaces podían dar (intervención de una patota, que a la víctima la había atropellado una moto) concurrió a “La casona” el Jefe de calle de la Comisaría 1ª de Lanús, el teniente Darío Alberto Acosta (alias “Beto” Acosta), quien participaba de esas conversaciones y reiteradamente les manifestó “no pasa nada, está todo bien”, aduciendo claramente a lo que había sido el historial de impunidad de los autores de lesiones y del dueño por sucesos similares precedentes.

“Atilio en todo momento refería que la denuncia arruinaba su reputación y la del boliche… entraba y salía de la casa… estaba loco… con unos papeles en la mano… muy sacado… ya que decía que le habían llegado denuncias de los de derechos humanos… hacía montones de llamadas a través del teléfono interno de “La Casona”…”, apuntó Lienqueo Catalán.

Finalmente el día 6 de diciembre, cuando ya Martín Castellucci moría, mientras estaban todos juntos reunidos en la vivienda de Amado, en el propio predio en que se halla la disco, Atilio les dijo “que las cosas empeoraban”, pero que “se quedaran tranquilos, que no iba a pasar nada, ya que lo iba a arreglar políticamente”, mientras los invitaba a ver el video de seguridad.

Sin embargo, en los últimos días, contra las predicciones de impunidad y “arreglos” de Amado, se han presentado por primera vez a declarar tres testigos presenciales del suceso, que se encontraban al momento de los hechos, y que hablaron del “rebote”, de la discriminación y de la golpiza inmotivada y violenta que le propinaron Martín, resaltaron que luego de los golpes típicos de boxeador a que fue sometido “salió como volando hacia atrás y cae estrellándose la cabeza contra el piso, que cuando golpeó la cabeza hizo un ruido así como cuando se tira un cascote.”

A esto se sumó la declaración de personal de la empresa de seguridad que trabajó en el local la noche del 2 y la madrugada del 3 de diciembre, quien -sin duda alguna- situó a Amado en el lugar y a la hora de los hechos (cosa que el negó en su declaración testimonial).

En este sentido el padre de Martín, Oscar Castellucci, aseveró que nosotros dijimos que íbamos a colaborar con la Justicia, y lo estamos haciendo; aunque cada paso que damos resulte para nosotros tener que revivir inexorablemente el dolor por la muerte de Martín. Pero estamos comprometidos en la búsqueda de la verdad, de una sociedad más justa, y nos alienta a mantener nuestra fe en la Justicia que la fiscal, la doctora Marcela Juan, se muestre decidida a no ser cómplice de la impunidad.